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Castellano-Quichua y Quichua-Castellano

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GRAMATICA QUICHUA

Nociones generales de sus diferentes partes

Gramática es el arte de hablar y escribir correctamente una lengua. Como el quichua es una lengua rica y completa, en todas sus partes, tiene una gramática rica y completa también. Salvo algunas excepciones, consta de los mismos elementos y accidentes que la Gramática Castellana, por ello y para facilitar su estudio, seguiremos en su desarrollo el mismo planteamiento general de ésta.

SIGNOGRAFÍA

Adoptaremos para nuestro quichua esta acertada designación del lingüista P. Jorge A. Lira, por las razones que él mismo da diciendo: “No podemos llamar alfabeto ni abecedario a la serie de letras, pues no existe la razón que para otros idiomas hay y de ahí viene haberme decidido llamarle “Signografía” (1).

Sentado el principio que, en vez de alfabeto, llamaremos signografía al conjunto de signos gráficos representativos de los fonemas ideológicos que nos permita expresar en voces orales los valores escritos, compondremos nuestra signografía para la representación de todas las palabras posibles del quichua santiagueño. Cabe hacer notar que éste es ya distinto del peruano que su diferencia es mayor que el existente entre el lenguaje gauchesco y el de la Real Academia Española. La razón es obvia, pues el lenguaje gauchesco no ha tenido las causas determinantes que han influído en el quichua para tal distanciamiento; porque aquél tiene los mismos caracteres gráficos que el castellano de origen y que por ello mismo la corriente idiomática ha sido permanente, desde la entrada de Diego de Rojas hasta el momento en que el lector lee este libro, por vías de la escuela, el libro, el periódico y los españoles que nos llegan, a diario, trayendo en forma oral el idioma, actualizado y con toda la pureza de sus fuentes de origen. No ha sucedido lo mismo con el quichua, idioma oral en sus fuentes de origen sin una escritura que lo fije para su conservación invariable en el tiempo y proscripto de la escuela y los periódicos. Los libros sobre el quichua (peruano), escritos por eruditos lingüistas, gramáticas y diccionarios, han sido piezas académicas que jamás estuvieron al alcance del pueblo “quichuista” que lo hablaba aprendiéndolo de oídas y lo mantenía por tradición oral. Esos mismos lingüistas utilizaban los signos gráficos existentes en sus respectivas lenguas y componían, como componen actualmente otros, en caracteres extraños a la lengua cuyas voces se proponen escribir, tratando de representar sonidos, muchos de ellos inexistentes en el alfabeto empleado, para lo cual tienen que recurrir a signos convencionales compuestos a propósitos para ese fin. El mismo que los lee, en muchos casos, no puede pronunciarlos con propiedad mientras no haya un quichuista que los pronuncie para ejemplo. Ello explica la enorme diferencia existente entre el quichua santiagueño y el peruano. Nuestros “quichuistas”, privados del trato directo con sus fuentes, han ido, paulatinamente, modificando la pronunciación y perdiendo riqueza de vocablos, en un lento proceso que se extiende desde la última relación directa, personal, a viva voz, entre el “quichuista” santiagueño y el peruano.

Por ellos no nos será viable para la escritura del quichua santiagueño la signografía peruana. Por otra parte, emplear ésta, a la par de dificultar su lectura, seria desnaturalizar nuestro propósito, pues no acometemos la tarea de estudiar el quichua peruano sino el santiagueño. Elevarlo a la jerarquía de lengua digna de ser llevada a la cátedra, estudiarla, dentro de lo posible, en toda la variada gama de sus desinencias, aglutinación de sus voces, función de las partes de la oración, etc., estabilizarla y enriquecerla unificándola, en un esfuerzo de recuperación. No para volverla a sus fuentes que por causas determinantes poderosas no podríamos hacerlo, aunque nos propusiéramos, sino para reivindicarla en su dignidad de lengua respetada y cultivada, sacándola de su situación de inferioridad a que, indebidamente, había sido relegada; no obstante ser el habla cotidiana de buena parte de la población nativa santiagueña que tenazmente resiste los embates del castellano, enclavada en su oasis idiomático, designación que hemos dado para expresar que a esa fuente aislada, única, en el territorio nacional se puede llegar para abrevar tradiciones de esencia nativa en idioma americano, lengua hablada por muchos de nuestro próceres y ligada a grandes hechos históricos de nuestra patria como la Declaración de la Independencia por el Congreso de Tucumán, en 1816, y cuyo texto íntegro transcribimos en la página 112 de este libro.

Como no hay una signografía para la escritura de nuestro quichua hemos tenido que crearla dotando así de escritura y ortografía propias al quichua santiagueño. En ella eliminamos todos los signos que no tienen función determinada en la fonética de nuestro quichua, a excepción de la h consagrada por el uso en nuestra toponimia y en algunas voces como signo de diferenciación fonética.

Nuestra signografía, compuesta con caracteres latinos dentro de este criterio, contra de 24 letras, a saber:
A, C, Ch, E, H, I, J, Ck, L, Ll, M, N, Ñ, O, P, Q, ‘R, R, S, Sh, T, U, V, Y.
a, c, ch, e, h, i, j, ck, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, ‘r, r, s, sh, t, u, v, y.

Texto transcripto del libro:

“EL QUICHUA SANTIAGUEÑO” [Reducto Idiomático Argentino]

Domingo A. Bravo

Ministerio de Educación de la Nación, Universidad Nacional de Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras, 1956
Instituto de Letras, Certamenes Literarios, Publicación Nº. 2.
Biblioteca de la F.F.L., 40921, 809.821-087(824.6)